viernes, 31 de diciembre de 2010

Entrevista a Anoniman

Tuve la oportunidad de entrevistar a Anoniman, un hombre que deja desde hace tres años cada cierto tiempo un toquecillo de buen rollo en la Autopista Norte de Tenerife (Islas Canarias, España), con unos carteles gigantes que incitan al buen pensar y en general, hacen sonreír a todo aquel que en la cola kilométrica pasa por allí por las mañanas.
Su blog es: http://frasesanonimas.blogspot.com/   y allí podéis encontrar todos los carteles que ha ido colocando en todo este tiempo. Además, tiene un grupo de facebook por el que os invito a pasaros




La primera pregunta es necesaria… ¿se considera usted una persona positiva?
Soy una persona más positiva que negativa.

2.       ¿Por qué ha decidido no dar su nombre sino, como dice su blog, ser sólo un hombre anónimo?
Si no hay un nombre escrito, puede ser cualquiera. Esto hace que el mensaje se interiorice de una forma especial.

3.       ¿Sus conocidos más cercanos saben de su doble identidad? ¿Se lo dijo usted o lo descubrieron ellos?
No miento si me preguntan, aunque tampoco lo divulgo.

4.       En una entrevista que concedió a Antena 3, vimos un gato de ojos claros. ¿Es su compañero de aventuras?
Si, lo es. A veces viene a maullar conmigo mientras cambio el mensaje.

5.       ¿Cree que parte del encanto de Anóniman se basa en el saber que podría ser cualquiera? ¿Si se le pudiera poner a usted nombre y apellido perderían sus mensajes parte de su efecto?
Hay quién me conoce y me dice que ya no piensan en mí cuando lo leen, que es como si hablara la montaña o algo parecido.
Yo aún creo que el anonimato consigue hacer partícipe de la reflexión a todo el mundo. Nadie te quiere vender nada, sólo invitarte a una sonrisa o inspírate algo positivo que se hace tuyo.




6.       ¿De dónde saca las ideas para sus nuevas frases?  ¿Cambia su frase cada vez que se le ocurre una nueva o tiene que exprimir su cerebro?
Cada vez es distinto. A veces cuesta encontrar las ideas y otras veces salen solas. Algo que escucho, que me cuentan, que leo, que pienso….cada vez es única.

7.       ¿Tienen algún nexo en común todas las frases que coloca? ¿Cuál?
En general pienso en la anterior y la siguiente para escribir. Incluso hay series de frases que se continúan, como la de los besos.

8.       La frase que colocó el 22 de septiembre “Se atormenta una vecina” es una de mis preferidas. ¿En quién pensó para escribirla? ¿Suele pensar en alguien en especial en cada frase nueva?
Pues se la oí decir a alguien, busque en internet y vi que también había un grupo de música en Cataluña que se llamaba así. Me encantó y la lancé.

9.       Esta pregunta se la habrán hecho un millón de veces: ¿cómo empezó todo? ¿Ha sido su primer acto por y para la felicidad de la gente?
Pensé que esa ladera el lugar perfecto para lanzar mensajes que sirvieran para propagar el optimismo. Así que lo hice. ¿Por qué no?

10.   Imaginemos que es un día lluvioso, pero hace ya tiempo que no escribe nada nuevo. ¿Saldría a cambiar su cartel, o es usted  un hombre que lo deja todo para mañana?
A veces uso un paraguas… ;)




11.   Centrémonos en su blog, http://frasesanonimas.blogspot.com/. Hace unos días les dedicó una entrada a sus seguidores, donde les decía que, aunque no conteste a los mensajes por falta de tiempo, los lee y se emociona con ellos.  ¿Piensa en todos los que le leen cada vez que escribe algo nuevo en la ladera?
Hay una enorme complicidad, es verdad. Pienso en la gente en general, me imagino a mi mismo como uno más y pienso en lo que me gustaría que escribieran.

12.   Podemos ver como tiene un blog, un grupo en facebook… ¿Cuándo decidió usted pasarse a las nuevas tecnologías?
Los mensajes los pongo desde hace tres años, y el rincón del facebook existe desde hace dos. Supongo que es una especie de enlace donde se hace evidente que se completa el círculo de comunicación del mensaje. Una idea se lanza… y otras ideas vuelven.

13.   ¿Ha notado un aumento considerable de gente que le conoce gracias al blog o el facebook?
Sin duda, la onda se expande y el facebook es un reflejo, aunque quien más lo vive es el que lo lee todo en persona desde su coche.

14.   Y para finalizar, me gustaría que me contara cómo ha cambiado la vida de Anóniman desde que empezó a colocar carteles en la autopista norte de Tenerife.
Mi vida no ha cambiado sustancialmente. Este proyecto es una pincelada de buen rollo que se comparte. En fin,  lo que yo pienso es: “si tienes una idea, materialízala”.


Os pido por favor que tratéis este tema con el máximo respeto posible: si alguien que lee esto conoce el nombre real de Anóniman, que no lo diga. Él prefiere seguir siendo anónimo pase lo que pase, y eso es algo que hay que tener presente.

¡Aprovecho para dedicaros un feliz año nuevo a todos!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Margarita Florero




Hola.
Mi nombre es Margarita y soy un florero.
Me gusta despertarme cada mañana con la salida del sol y desperezarme bajo sus rayos. Vivo en una casa pequeñita,  y entre mi compañera y yo damos olor primaveral a la cocina.
Me siento muy solo. Si alguna florera quiere contactar conmigo, que llame al número que aparece en pantalla. Prometo tratarla como a una diosa y le regalaré sonrisas cada minuto de la vida que pasemos juntos.
Un beso, quiero conoceros
Margarita Florero





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He estado muy ocupada para publicar antes en el blog. Entre Navidades, exámenes, apuntes y tal, apenas he tenido tiempo de escribir algo que no sea para la universidad.
Estoy empezando una novela Steampunk ambientada en el relato "Jacqueline, da las gracias al vapor", y ese es otro motivo por el que no he escrito demasiados cuentos en este tiempo

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Muy feliz navidad a todos. Que os lo paséis muy bien esta noche, comáis mucho (pero si llegar a los límites del vómito) y todo eso.

Muchas gracias por vuestro tiempo al pasaros por aquí.


jueves, 23 de diciembre de 2010

El hamster

Este es un cuento de mi hermana, que tiene apenas 12 años pero ya empieza a iniciarse en la escritura. La verdad es que me enorgullece ^^




Hace no mucho tiempo, en una casa bastante normal, vivían una madre y su hija Lucy. Lucy era hija única, por lo que se sentía muy sola. La única compañía que tenia era un hámster al que ella no hacia ni caso. Se lo había comprado su madre en un intento de hacer que se sintiese menos sola, pero ella no le prestaba atención. El pobre hámster se moría de hambre, hasta que, una vez a la semana (¡o menos!), Lucy sucumbía a los gritos de su madre y le daba de comer.
-¡Lucy, como no le des de comer al hámster te tiro por la ventana!-le gritaba la madre.
-¡Mama, ya te he dicho  que yo no quería a ese estúpido hámster!
Esta pelea se repetía por lo menos una vez al día. El hámster, que se sentía hambriento, olvidado y solo, estallo una mañana.
-¡Ya estoy harto! ¡Esa niña se va a enterar de quién soy yo! Ya verá, ya verá…
Al rato de dormirse, Lucy se despertó con ganas de ir al baño. Caminando por el oscuro pasillo, se sintió observada. ¿Había visto una sombra? ¿Había alguien más en el pasillo? La chica oyó como una puerta se abría, chirriando. Los sonidos le produjeron escalofríos. Grito y fue corriendo al cuarto de su madre. Pero el miedo la paralizo. Se oían pasos lleno hacia ella. Lo último que oyó antes de desmayarse fue:
-Ja, ja, ja. Jamas me prestaste atención. ¡Ahora sufrirás las consecuencias!
Nunca más se volvió a ver a Lucy.


lunes, 20 de diciembre de 2010

Como una flor del árbol Sakura


                 Shinta se encontraba encendiendo el fuego de su campamento cuando aquella mujercita entró en el claro sangrando por el estómago y cayó al suelo inconsciente.
                Habían pasado tres días desde aquel momento, y el chico apenas se movía de su lado. La había recogido y metido en su tienda, lavado y curado sus heridas con agua que había recogido de un río cercano. También había vendado su estómago maltrecho sin conocer su nombre, igual que le había regalado un kimono porque el de la chica estaba ya demasiado roto, desgarrado y manchado de sangre.
                Su pelo era largo y negro, recogido en una gruesa coleta que a su vez estaba enrollada sobre si misma para no molestar. Su piel era blanca y pura, casi como la nieve, y aunque debería de rondar los 20 años apenas tenía las curvas propias de una mujer de su edad. A pesar de eso, poseía una belleza diferente y pura.
                Aunque la había contemplado muchísimo, no la había tocado lo más mínimo, igual que tampoco había recogido la katana que la acompañaba y que se había quedado en el claro. Esa no era la única arma que la acompañaba: dentro de su kimono Shinta había encontrado una wakizashi. Gracias a ello, el chico había podido afirmarse mentalmente que la chica a la que había sanado se trataba de una de las pocas mujeres samuráis de su tiempo, pues sólo los samuráis llevaban el wakizashi, la espada  corta, dentro del kimono como última defensa o para el suicidio si llegaba el momento en el que no había otra alternativa para morir con dignidad.



                Cuando lo había descubierto había sido demasiado tarde: ya la había atendido y ya había desgarrado su kimono a la altura del estómago para curar la herida. De todas formas, aquel kimono no tenía pinta de ser demasiado caro.
                La herida estaba demasiado arriba para tratarse de un seppuku, sino que parecía que estaba hecha con un arma ardiendo, probablemente una katana por su profundidad, y esa no era la manera del suicidio en busca de honra de los samuráis. Al estar quemada, aquel que la había hecho se había asegurado de que nunca más pudiera cerrarse por completo.
                Era una herida mortal donde las hubiera. Tarde o temprano aquella joven acabaría muriendo, y ni todos los años de estudio en la medicina de Shinta conseguirían salvarla, como mucho retrasar un poco el momento.
                Y, si no moría por algún milagro y conseguía recuperarse, lo más seguro es que se sintiera tan deshonrada por haber sido salvada y sanada sin su consentimiento, que acabaría cumpliendo con el rito del seppuku, el suicidio. También era muy probable que le asesinara a él antes de suicidarse ella, por haberle faltado al respeto.
                Lentamente para no irrumpir el silencio que llevaba reinando tres días en la tienda, Shinta fue en busca de más vendas para limpiarle de nuevo la herida. Cuando volvió, los ojos de la samurái se movían de un lado a otro bajo sus parpados cerrados.
                El joven se arrodillo a su lado y esperó con paciencia a que la muchacha acaba de despertarse, intentando contener la sorpresa de que hubiera tardado tan poco en volver a la consciencia.
                El Sol anduvo un rato por el cielo cuando ella, por fin, abrió los ojos. Tardó unos momentos en ubicarse, y cuando se dio cuenta de que estaba acostada en un lugar desconocido, su cuerpo se tensó y sus instintos se pusieron alerta.
                Shinta le tendió una jarra con agua, y fue sólo entonces cuando ella se dio cuenta de que había un chico arrodillado a su lado. Movió la mano derecha hacia su vientre con claras intenciones de buscar su wakizashi, y cuando no lo encontró y se dio cuenta que no era su kimono el que llevaba puesto, miró alrededor con pavor e ira.



                -Por favor, bella samurái; no os asustéis –le pidió el chico dejando a un lado la jarra y mostrando sus manos desnudas -. No tengo intenciones de perturbar vuestra  alma o vuestro honor. Tan solo os he recogido y sanado vuestras heridas, tal y como hubierais hecho vos por mi –concluyó con firmeza. La samurái acarició y examinó el vendaje ligeramente. Shinta descubrió que sus manos eran demasiado ásperas y grandes para lo que solían ser las de las mujeres de pueblo.
                -Vos… ¿sois el que me ha salvado? –preguntó ella con un tono de voz dulce y calmado. En aquel momento, Shinta apreció que sus ojos rasgados eran negros como el carbón. 
                -Un samurái no debe perecer sin motivo, y ningún alma debería iniciar el camino siendo tan joven –añadió él. La mujer miró con curiosidad a su salvador.
                Era un japonés que rondaría los treinta años, y a primera vista la chica supuso que sería un campesino. Ancho de espaldas y de rasgos duros y salvajes, parecía más un guerrero analfabeto que alguien capaz de vendar una herida con tanto cuidado como había demostrado.
                -¿Dónde está mi katana? –preguntó al darse cuenta de que no la llevaba consigo. Shinta señaló hacia fuera de la tienda con la cabeza y la mujer trató de incorporarse, cerrando la mandíbula con fuerza a causa del dolor.
                La primera reacción de cualquier médico al ver dicho acto casi de suicidio, sería de intentar impedirlo. Alargó la mano para detenerla, pero la chica se quedó quieta, mirándole con tanta fiereza y de una manera que no admitía réplica alguna. Shinta estaba a la mitad del movimiento para pararla cuando la mirada le recordó que la chica a  la que había salvado no era una persona cualquiera: era una samurái que iba en busca de su katana, aquello  que le daba el honor necesario para vivir. Sería mucho mejor para un samurái morir del dolor en ese momento a que alguien le impidiera ir en busca de su arma. 
                La dejó ir.
                La mujer se levantó y Shinta con ella. Anduvo unos cuantos pasos y estuvo a punto de caer al suelo un par de veces, pero se resistió al dolor que, supo Shinta, le estaba recorriendo todo el cuerpo y que empezaba en el estómago. Siguió caminando sin pararse.
                Salió de la tienda y se dirigió hacia los árboles en donde había caído. En el suelo, un fino rastro de sangre marcaba el camino que el hombre había tenido que recorrer con ella en brazos tres días antes, pero la mujer no se amedrentó lo más mínimo.



                Al fin, llegó a donde estaba su katana sobre la hierba, se arrodilló, e hizo una reverencia a su arma. Sabía, antes de hacerlo, que le iba a doler.
                Grito de dolor cuando lo hizo, pero no modificó ni un centímetro su postura, pues eso sería una de las mayores ofensas que podría llegar a hacer: demostrar que el dolor escapaba  a su control.
                Tras unos segundos, ella dejó de gritar y se levantó posteriormente, llevando su espada en la mano con el mimo propio de una madre cargando a su recién nacido. Pasó al lado de Shinta, que se encontraba a la entrada de la tienda sin apenas mirarle, y entró en la caseta. Y Shinta, al cabo de unos segundos, con ella.
                La samurái se había recostado de nuevo y se encargaba de eliminar los restos de vendaje manchado de rojo para poder examinar su herida. Cuando lo hizo, una mueca de tristeza apareció en su rostro. Miró a Shinta cuando éste entró.
                -Esto no va a curarse nunca, ¿verdad? –preguntó. Shinta guardó silencio -. Sé poco de medicina y de heridas graves, e incluso con mis pocos conocimientos, sé que un arma de fuego corrompe de tal manera el cuerpo que éste es incapaz de volver a la normalidad. Sólo necesito que me lo afirméis, pues mi señor está en peligro y debo ir tras él. Si voy a recuperarme, esperaré, porque en mi estado no seré de mucha ayuda, aunque si no voy a hacerlo, debo ir de inmediato, pues hasta la última gota de mi sangre y por tanto, de mi vida,  le pertenece –explicó aunque Shinta ya sabía que era eso lo que iba a pasar en cuanto se despertara-. Decidme, noble hombre… 
                -Decidme primero vuestro nombre, samurái, para así poder contestaros como es debido.
                -Mi nombre no tiene importancia –replicó ella mirándole. Shinta aguantó la mirada sin acobardarse lo más mínimo, aunque sabía que esa mujer, incluso en su estado, era mortal. A final, bajó la  vista, avergonzado.
                -Siento habéroslo pedido, pues mi curiosidad como médico es insaciable. Decidme, al menos, el nombre de vuestro señor para poder cantar alabanzas al samurái que lucho hasta su último aliento por la vida de su maestro.
                -El nombre de mi señor es Taira, y yo tan solo cumplo con la promesa que hice de guardar su vida hasta mi último pálpito. Y, por eso y porque mi señor está en peligro, debo irme. Contestad a mi pregunta de una vez.
                Shinta suspiró y miró al techo de la pequeña tienda con tristeza.
                -Vuestra herida es mortal: mientras tengáis una venda para frenar la hemorragia podréis alargar  vuestra vida un poco más, pero pronto comenzaréis a cruzar la línea que la separa la muerte –sentenció. La mujer no varió su expresión en mucho tiempo, y cuando lo hizo, fue para sonreír con pesar.
                -Si es así, amable hombre, traedme vuestro mejor kimono y agua para lavar mi cuerpo, pues quiero estar lo más bella posible para cuando la Muerte me alcance y así permanecer limpia y aseada el resto de la eternidad –pidió con amabilidad-. Además, mi señor debe verme como a una flor del árbol sakura cuando llegue hasta él.



                -¿Vais a ir aún así en su ayuda? –preguntó Shinta. Aquella mujer escapaba de su entendimiento, pues apenas parecía afectada por la noticia de que su inminente muerte y tan solo pensaba en su señor. Nunca había conocido a ningún samurái, y tal vez por esto no comprendía su punto de vista. 
                -Sin duda alguna. En cuanto me asee iré en su busca, tanto para salvarle si llego a tiempo como si tengo que vengar su muerte –contestó. Con la jarra de agua que Shinta le había traído, lavo su herida y la vendó con fuerza para frenar la sangre. El hombre, mientras tanto, sacó su kimono más bello y lo dejó a su alcance para que ella pudiera cogerlo. Luego, salió a por agua para la samurái.
                Cuando volvió, ella ya se encontraba de pie al lado de la tienda, atando la katana a su cintura y metiendo el wakizashi entre los pliegues del nuevo kimono que llevaba. Levantó la vista cuando le oyó venir e hizo una reverencia con la cabeza.
                -La herida os debe de estar doliendo muchísimo –comentó Shinta cuando llegó a su altura y dejó el cuenco con el agua en el suelo. Ella se arrodilló para lavar sus manos, su cara y ligeramente su torso.
                -Pero este dolor no es nada en comparación con el que sentiría mi alma si mi existencia dejara de ser útil –explicó. Cuando hubo acabado, utilizó el reflejo en el agua que quedaba para peinar su larga trenza de nuevo.
                -Que una llama de apague con la rapidez con la que estáis obligándola a hacerlo es monstruoso. Si descansáis, y con mis  cuidados, tal vez haya posibilidades de salvaros –dijo él. Cuando acabó de hablar, se dio cuenta de que casi había sonado como una súplica para que se quedara. Odiaba ver a la gente perecer cuando había alternativa. Aunque sabía que para esa herida no había otro final, quería creer que sí que lo había.
                -Mi cuerpo se salvaría, pero no mi alma, ni mi honor. Entendedlo: uní mi alma con el señor Taira cuando cumplí los 15 años, y desde entonces nuestros finales van de la mano. Si el alma del señor Taira debe cruzar el río hacia la muerte, la mía debe acompañarlo –dijo mientras se levantaba. Le miró a los ojos y luego se arrodillo para hacerle una reverencia con toda la formalidad con la que el dolor le permitió. Luego, se levantó de nuevo y miró la tienda de campaña con curiosidad -. ¿Puedo preguntaros algo?



                -Sólo si sois capaces después de darme vuestro nombre como samurái –contestó él. La chica suspiró y asintió.
                -Que así sea. Mi pregunta es… ¿qué hacéis aquí, tan solo y acampado en medio de un bosque?
                -Intento encontrar mi lugar en el mundo –explicó él. La miró con descaro -. Ahora contestadme vos a mí –exigió él. La chica le sonrió por última vez antes de comenzar a alejarse.
                -Contad la historia de Aka Kage, una de las pocas samurái mujeres de todo el país, y contad también como encaró a la muerte para salvar la vida de su señor –dijo sin darse la vuelta. Siguió andando -.  Esa historia merece ser recitada por todo Japón.

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Historia de hace por lo menos tres años. Adoro la filosofía samurai

viernes, 17 de diciembre de 2010

Giger



El hombre se agachó y agarró el aerógrafo. Sabía que no debía darse la vuelta o vería todo aquello que le daba tantísimo miedo y le hacía revolverse el estómago. Con los años lo había aprendido a asimilar, a tomar como suyo, y había aprendido trucos para desconectarse de la realidad y dejar de verlo.
En un lienzo en blanco comenzó a dibujarlo todo: todas las ideas que se le pasaban por delante, todas las imágenes que él sabía que eran horrorosas pero formaban parte de su realidad, todo. Los espectadores que veían sus cuatros, muchas veces se quedaban maravillados por tan grotesco espectáculo, especulando sobre la capacidad de Giger de plasmar una bio-mecánica realidad que recordaba muchas veces a escenas pornográficas.
Se podría decir, pensó él, que había nacido con ese don. Poco a poco se le había ido desarrollando, y a sus setenta años vivía en el mundo surrealista que tanto dibujaba  y que tanto le aterraba. Sabía que estaba en su imaginación, que no era real, que más que probablemente estaba loco, pero que él, y sólo él, era el rey de ese mundo pervertido.
Le gustaba dibujar en su estudio, en grandes lienzos para que no se le escaparan detalles por los laterales. En la caja de pinturas, los colores grises, negros y verdosos estaban otra vez casi agotados, mientras que los rojos, amarillos y rosados apenas habían sido tocados.



Sus figuras biomecanoides le susurraron desde el otro lado del lienzo.
-¿Por qué no vienes con nosotras? –dijeron al unísono todas ellas. Sus voces eran como gritos de niños, como cadenas siendo arrastradas. Roncas, profundas, pero a la vez agudas y terrible.
-Sabéis que no voy a ir –respondió centrándose en su obra.
-No puedes escapar de nosotros… lo sabes –rieron ellas. Todo pareció congelarse durante los segundos que duró esa risa, como si un demonio silencioso hubiese pulsado la teca de stop.
-Sí que puedo escapar de las visiones…  -dejó el pincel en agua y sacó de su bolsillo una bolsa con cocaína. Las biomecanoides lanzaron un grito desgarrador.
-Sabes que eso te acabará matando –susurraron como serpientes intentando disuadirlo.
-Lo sé. Pero si no me acaba matando esto, lo haréis vosotras mostrándome vuestro mundo.
-¡Estas solo, solo solo solo solo solo! ¡Nadie te quiere, eres un bicho raro! ¡Todos te temen! –gritaron ellas acercándose amenazadoramente. Giger no se movió del sitio mientras colocaba la droga en fila por una mesa de cristal.
Dejó que la cocaína entrara a su cuerpo y las visiones perdieron fuerza mientras se difuminaban.



Mi pequeño cuentito sobre Giger, ese gran artista suizo que es capaz de plasmar el miedo y la fascinación a la misma vez en un lienzo, creador de la figura de Alien el octavo pasajero. 
Entrenamiento de cuento propuesto por Yarko, así que dedicado para él. 

jueves, 16 de diciembre de 2010

Entrevista a Víctor Conde

Conseguimos entrevistar, para una asignatura de la facultad, a Víctor Conde, un joven escritor promesa de Canarias. Los alumnos que trabajamos para desarrollar el cuestionario fuimos: Moisés de Ara, Elisabeth Santana, Eva Molina, Alberto Artiles, Romina Concepción y Águeda Ruiz de la Fuente. 
Estas son algunas de las preguntas que le hicimos, apenas una pequeña parte (la entrevista dura 36 minutos).
¡Muchisimas gracias por habernos prestado su tiempo!




Estamos aquí con Víctor Conde, un escritor canario que lleva años revolucionando el mercado con  títulos tan reconocidos como Crónicas del Multiverso, Naturaleza Muerta, el Tercer nombre del emperador y muchísimos más. Buenos días, señor Víctor Conde
Hola, Buenos días.

Muchas gracias por haber accedido a concedernos la entrevista
Gracias a vosotros.

Empezaremos preguntándole  sobre su vida, ¿de acuerdo? Estudio psicología e imagen y sonido antes de ser escritor. ¿Qué le llevó a dejar todo esto por la literatura?
La literatura, como ocurre con cualquier arte, es una especie de pasión, una pulsión que te sale de dentro. Ya seas escultor, pintor, un escritor, cualquier cosa, periodista si realmente te tomas tu trabajo como su fuera un arte, es algo que sencillamente sientes en tu interior y tienes que sacarlo de alguna manera. Durante mis años de estudiante empecé a dar cancha a la salida de este arte, la escritura, hasta que por fin pude dedicar profesionalmente al tema años después. Ha sido un paso lento y trabajoso pero que al final se ha conseguido.

¿Y cómo fueron sus comienzos?
Yo realmente empecé de la forma kamikaze de hacerlo, sin tener ningún contrato con ninguna editorial ni conocer prácticamente a nadie. Me senté un día delante del ordenador y me dije: “venga, me voy a meter entre pecho y espalda 500 páginas de novela”. Entonces escribí mi primera novela que fue El tercer nombre del Emperador y una vez la tenía escrita ya empecé a buscar a través de internet editoriales, gente que se moviera en el mundillo de la literatura fantástica etc. y fue un poquito así. Ahora ya trabajo de forma diferente, pero en aquella época era un poquito kamikaze.




Su  verdadero nombre es Alfredo Moreno Santana, sin embargo, su nombre artístico es Víctor Conde. ¿Por qué decidió cambiárselo?
Yo cuando empecé a escribir quería diferenciar muy bien lo que era mi carrera como escritor de ciencia ficción y fantasía con lo que pudiera ser otro acercamiento distinto a las letras como por ejemplo la literatura histórica, la literatura romántica… Y decidí ponerme un pseudónimo. Empecé a ser conocido por ese pseudónimo y dije: “bueno, ya me quedo con él”.

¿Entonces aquí como le tenemos que llamar, Víctor o Alfredo?
Me puedes llamar Víctor, Alfredo, me da igual. Yo siempre le digo a la gente que me llame Alfredo que es mi verdadero nombre y dejamos lo de Víctor Conde lo dejamos sólo para la portada de los libros.

En un curso que usted impartió, contó que cuando era un joven universitario colgaba sus relatos en una página de Internet. En uno de sus textos, uno de sus habituales lectores dijo: “No me creo que esto lo haya escrito Alfredo, no es su estilo”.
Es verdad, me acuerdo de aquello. Yo empezaba en aquella época con mis primeros cuentos y no tenía ni idea de que tenía un estilo. Cuando tú comienzas a escribir, te cuesta una serie de años ganar un estilo propio. El lector aquel dijo: no parece un cuento de Victor Conde, no parece de su estilo. Y yo me lleve una alegría tremenda porque dije “Dios mío, ya tengo un estilo, que guay”

¿Qué autores le han influenciado en su estilo?
Yo siempre he leído un poquito de todo, soy muy seguidor de Tolkien, las novelas de ese hombre siempre han sido como mis novelas de cabecera. Luego, la generación Beat con William Barrow y todos estos locos, chiflados de la literatura. Me ha gustado muchísimo este tipo de literatura que aspira a despertar en el ser humano el don de la fantasía. Y bueno, han sido ellos los que más me han movido, junto con escritores más modernos que han logrado revolucionar el género fantástico en los años 90, como Dan Simmons.




Muchas de sus novelas tienen matices realmente bíblicos (ej: Naturaleza Muerta, Heraldo de la luz y sus ángeles…). ¿Es usted religioso, o simplemente considera la Biblia como un buen recurso, un recurso original y poco explotado?
Yo la verdad es que soy ateo, no creo en la existencia de ningún poder divino ni ninguna fuerza superior. Mi única religión es la ciencia en ese sentido. Pero si que creo que la mitología es una fuente inagotable de recursos para un escritor. Estamos cansadísimos de acudir a la mayor mitología de occidente que es la griega, extrayendo de ella héroes, villanos, demonios, monstruos, ha sido una fuente de inspiración inagotable para todos los escritores occidentales. Pero la cristiana también tiene sus héroes, sus monstruos, sus villanos. Ahora, durante la escritura de la trilogía de los Heraldos, que va de ángeles y demonios cristianos, he indagado mucho en la mitología bíblica del antiguo testamento y me he dado cuenta que hay una riqueza tremenda que luego los escritores podemos utilizar en nuestro favor.

¿Pretende seguir explotando este matiz bíblico, este matiz religioso?
En la trilogía de los Heraldos sí, porque básicamente gira en torno a la mitología cristiana. Pero por ejemplo también me fascina el tema de otras mitologías asiáticas, como por ejemplo la china que también es muy rica, tiene muchísimos miles de años de antigüedad. En una novela que tengo proyectada escribir de aquí a cinco o diez años pienso tirar de la mitología china.




¿Plantea sus libros con tanta antelación?
Sí, porque hay una serie de libros que quiero escribir. Pero teniendo en cuenta que escribir un libro a mí me lleva entre nueve y doce meses si es de extensión normal –si es muy tocho me lleva mucho más-, yo digo ahora: quiero escribir un libro sobre la mitología china. ¡Buf pues coge número! De aquí a cinco años a lo mejor tendré tiempo libre para escribir ese libro.

¿A la hora de editar los libros, le cuesta mucho encontrar editorial, o era más difícil encontrarla antes?
Antes era mucho más difícil porque me estaba haciendo un nombre, estaba intentando que me tomaran en serio y por eso todas mis novelas están publicadas con editoriales chiquititas. Pero ahora mismo básicamente todo lo que escribo lo escribo para Minotauro o para Hidra.



Es usted el último ganador del premio Minotauro, en el año 2010, con Crónicas del Multiverso. ¿Qué ha hecho para conseguir ese premio? ¿Qué cree que tiene Crónicas del Muntiverso que no tenían el resto de las novelas presentadas?

Buf, me costó un montón sobornar al jurado.

¿Mucho dinero?
Si, muuucho dinero. Y favores de todo tipo (risas), en fin. Bueno, en serio, la verdad es que Crónicas del Multiverso, teniendo en cuenta qué tipo de novela es -es lo que dentro del mundillo llamamos un Space Ópera, que es una novela de aventuras situada en un entorno futurista- tenía muy pocas probabilidades de salir ganadora de ese concurso, porque la ciencia ficción en España está pasando un momento muy malo y apenas se está vendiendo casi nada. Y yo con mi talento kamikaze que siempre he desarrollado a lo largo de mi carrera, me senté a escribir un Space Opera, cuando nadie en España escribía ese tipo de novelas, y lo presenté al premio. Les hizo mucha gracia y dijeron: “venga, vamos a leernos esta novela”. Y les gusto mucho y le dieron el premio. La novela es como una especie de rara habis, dentro del propio premio Minotauro que aunque textualmente es “Premio a Ciencia Ficción, Fantasía y Terror”, lo de ciencia ficción hasta ahora era virtual. En los siete años que este concurso lleva funcionando, Crónicas del Multiverso es la primera novela de ciencia ficción que se lleva el premio.



El personaje de Tanya, del libro Heraldos de la Luz, pertenece a la estética lolita. Le voy a tener que preguntar por cómo interpreta usted esta moda y cómo se documentó.
El utilizar las tribus urbanas como eje de la historia de Heraldos de la Luz fue una idea que vino después de que un día, caminando por la calle, me tropecé con un grupo de chicas lolitas. Y fue como un impacto. Yo de repente estaba paseando por la calle con mi mujer y unas chicas aparecieron paseando vestidas con la moda lolita y para mí fue como ¿qué ha pasado aquí? Fue una cosa súper impactante porque no me esperaba que hubiera chicas que hubiesen adaptado esa estética. Esa misma tarde encendí el ordenador y buceando cual escualo cibernético empecé a bajarme un montón de información de páginas que hablaban sobre todas las tribus urbanas. Me quedé fascinado, me gustó muchísimo que hubiese gente joven tan identificada con unos valores, con unas modas, con unas ideas como para arriesgarse a que la gente se ría de ellos porque visten de una forma determinada o piensas de una forma determinada, me pareció súper bonito.  En mi época, cuando yo era joven, ya había gente así: teníamos a los punks, a los heavatas que se vestían de una forma un bastante espectacular. De ahí, de conocer a las tribus urbanas a escribir un libro sobre ellos había un paso. Yo decía: a esta gente la tengo que poner como protagonistas de una historia. Y así fue como nació heraldos de la Luz, de coger unos protagonistas que fueran todos adolescentes, pero no al uso, sino adolescentes que tuvieran una personalidad muy marcada y una estética muy definida.

¿Cree usted que ha conseguido retratar a los adolescentes, por lo menos a una parte?
A una parte muy pequeña, pero tampoco sé si lo he hecho bien. Heraldos de la Luz ha levantado ciertas ampollas en algunos colectivos, en el colectivo lolita he recibido muchas críticas de muchas chicas que no se sienten completamente identificadas con la imagen que yo doy de Tanya, la protagonista. Otras si, ha habido chicas lolitas que me han escrito a mi blog diciendo que les parece fantástico, que les ha gustado mucho el personaje de Tanya. Yo creo que cuando tú escribes sobre alguien, nunca puedes acertar con todo el mundo, habrá gente a la que le guste y otras no. Yo he elegido un camino propio a la hora de crear estos personajes, y como todo en el mundo del arte, habrá gente a la que le guste y gente a la que no. 




¿Y cuáles son sus planes a corto y largo plazo?
A corto plazo, terminar todos los encargos que me ha hecho la productora en los que ahora estoy trabajando, porque Vulcano Films es uno de los pocos que se dedica en Canarias realmente a hacer cine, a co-producir cine junto con productoras de fuera. Caótica Ana, la película de Julio Medem, tuvo una fuerte participación de Vulcano en su producción. Ahora mismo me tienen trabajando de una manera que yo adoro, porque la verdad me encanta trabajar para el mundillo del cine. En este momento estoy convirtiendo a guión cinematográfico una novela de un autor peninsular, y cuando termine con este follón tendré que sentarme a escribir la segunda parte de Heraldos, que se supone sale en las navidades del año que viene, así que vamos a ver. Todavía no he escrito ni una sola página, habrá que ponerse las pilas… (risas)

Y para terminar, ¿cuál de sus libros le gustaría que fuese llevado al cine?
Crónicas del Multiverso, pero sería una producción tan cara que yo creo que hasta a James Cameron le costaría afrontarla (risas).

Pues esto es todo. Muchísimas gracias por haber venido aquí y habernos concedido la entrevista.
Muchísimas gracias a vosotros.

martes, 14 de diciembre de 2010

Solos (PARTE 2, FINAL)

He borrado esta entrada porque acabo de mandar este relato a un concurso. Cuando me den el no, volveré a colgarla XD Si me dan en sí, habré ganado 6000 euros O_O O como mínimo significaría que habría quedado finalista del concurso y la publicarán.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Solos (PARTE 1)


He borrado esta entrada porque acabo de mandar este relato a un concurso. Cuando me den el no, volveré a colgarla XD Si me dan en sí, habré ganado 6000 euros O_O O como mínimo significaría que habría quedado finalista del concurso y la publicarán.

viernes, 10 de diciembre de 2010

El amor a través de un teléfono


-Mamita… ya he estado mucho tiempo con papá. Yo quiero volver a estar contigo… -dijo la pequeña a media voz. La mujer al otro lado del teléfono tembló y notó como se desgarraba por dentro.
             -Ya lo sé cariño. Por eso voy a volver a casa en noviembre, para traerte a España conmigo.
 -¿Puede mi hermano venir conmigo? –preguntó con voz dulce.
-Claro que si, Fernando vendrá con nosotras. 
-Me vas a tener que comprar una maleta. La que tengo yo aquí es un poco pequeñita…
-Lo sé, mi luz. Te compraré una maleta muy grande.
-¡Pero yo ya tengo una! –dijo la jovencita elevando la voz.  Se dio cuenta de su error y volvió a disminuir el tono -. Papá me puede dejar la suya, que sí que es grande.
-No, no. Te voy a comprar una maleta para que sea para ti sola. Piensa que tenemos que traer tu ropa, tus zapatos y algunas muñecas –intentó convencerla la madre. Se quitó con el dorso de la mano las lágrimas que llevaban un rato cayendo.
-¡Es verdad! –respondió con alegría - ¿Y a mi hermanito le vas a comprar una maleta grande también?
-Claro. Tenemos que traer todas vuestras cosas. Pero mi amor, recuerda que vais a empezar el cole aquí en España…
-Ay, mamita, yo no quiero empezar el cole en España. ¡Yo no sé hablar como los españoles!
-No te preocupes, los españoles no hablan tan distinto. Cambian algunas palabras, pero tu mamita te va a enseñar cuales para que no tengas problema. Además, aquí la gente es muy buena con las niñas bonitas –dijo la madre sonriendo. Al otro lado de la línea una vocecilla se rió con dulzura.
-Gracias mami. Oye, tengo que colgar ya, que tengo que ayudar a papá a hacer la comida. ¿Hablamos a la noche?
-Claro mi amor, te llamo en 8 horas. Dile a tu hermano que le amo con locura. Y a ti también, mi princesita. Ya verás como todo volverá a ser perfecto cuando vivamos los tres juntos aquí.
-Adiós mami. Te amo.


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No creo que haya podido expresar al completo todos los sentimientos que quería, pero... ayer sentí la necesidad de escribir esto. Dedicado a una boliviana que conozco muy bien, que ayer me relató esta conversación con su hija. ¡Sé fuerte!

martes, 7 de diciembre de 2010

Conversaciones con una dama de negro




-Eres interesante
-No lo soy
-Lo eres, no lo niegues. Lo sabes.
-Soy como cualquier otra
-No es cierto.
-Mi juventud te engaña. Soy una persona como cualquiera, con sus defectos y virtudes, sólo eso. No soy especial, no soy única y no soy absorbente.
-No es cierto. La gente de tu generación no se parece en lo más mínimo a ti.
-Eso lo dices tú. Yo los conozco y ellos me conocen a mí. Sí, soy diferente a ellos, pero eso no significa que sea mejor.  Tampoco significa que debas tratarme como algo más que lo que soy: una chiquilla que descubre mundo.

La dama de negro sonrió y le tendió la mano a la joven del suelo. Ella le cogió la mano, levantándose y dejando atrás su cuerpo.
-Tan sólo pienso que si fueras mortal como yo, no te fascinaría tanto.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El cambio



María Antonieta era hija de unos mineros, pero a ella lo que más le gustaba era sentarse en los carros de carga y contemplar el horizonte.  
Una mañana, su carro preferido para descansar no estaba, y se pasó toda la mañana buscándolo. Como no lo encontró, buscó otro sitio y se recostó entre los arbustos, quedándose dormida por culpa de la comodidad.
Quién diría que llevo toda la vida acostumbrada a un carruaje mohoso por miedo a cambiar de sitio y, cuando lo hago, descubro algo muchísimo mejor…

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Foto de Hyracodon (si pincháis en el enlace iréis a su página de deviantart) de hace cerca de dos meses. Luz de la foto retocada por Yarko, para que pareciera ochentera. 

jueves, 2 de diciembre de 2010

El pescador



Si el cielo y la tierra llegaran a encontrarse algún día, seguro que ocurriría en aquel lago.
Fernando estaba apoyado en la barandilla del barco con la brisa dándole en la cara. No olía a sal como ocurría en el mar, sino a los árboles y la vegetación que creían al otro lado de aquella laguna. Las montañas crecían un poco más allá, y con sus cumbres cubiertas de nieve parecían más cerca de lo que realmente estaban.
Estaba llegando el invierno y se notaba en la temperatura. El pescador se arrebujó debajo de la chaqueta y cruzó los brazos, empezando a tiritar. Aún a pesar del frío que tenía, no quería meterse dentro del barco sólo para poder contemplar unos minutos más aquellas vistas.
Antonio salió de la cabina y anduvo hasta él, también tiritando debajo de su suéter. Era un hombre de más edad que Fernando, acostumbrado al mar, la pesca y la soledad, aunque sus canciones sobre sirenas seguían haciendo que Fernando se sintiera incómodo como el primer día que las escuchó.
-¿Te gusta el lago? –preguntó Antonio. Fernando asintió con la vista en el horizonte - Pues  déjame decirte que seguramente te deje de gustar tanto cuando lleves 25 años como yo haciendo la misma ruta todas las semanas.
-No creo que nunca me llegue a acostumbrar a algo tan hermoso… -murmuró Fernando. El viejo pescador sonrió con algo de tristeza.
-Por supuesto que sí. Y verás que, cuando deje de impresionarte tanto como el primer día, no lo verás tan bello como lo viste entonces. El ser humano se acostumbra demasiado a la belleza, la intenta hacer suya sin tener en cuenta que en cuanto la guarde en su pensamiento, esa belleza se transformará y le malacostumbrará. 

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La foto utilizada, y la que me inspiró para escribir ésto (aunque no me acaba de convencer lo escrito...) fue la foto del fotógrafo Uriel Lascano. Recomiendo visitar su blog, tiene fotografías realmente hermosas.