<< ¿Dónde escondí ayer mi tesoro? Tenía que estar realmente cerca, sí… Lo siento, debe de estar cerquita de por aquí. Muy bien, pensemos. Yo ayer anduve por aquí. Me paré bajo este seto, recuerdo que me atusé la cola. ¿Y después? Después, después… ¡oh, maldita cabeza la mía! Después recuerdo haberme encontrado con Michele. Bueno, a decir verdad sólo la vi de lejos, con su espectacular figura saltando de un lado a otro. ¡Quién pudiera ser nuez para poder andar entre sus brazos! Y después… después seguí andando hasta ese árbol, sí. Lo recuerdo. Ayer en este mismo lugar me encontré con una flore lindísima, amarilla. ¡Allí está, allí está! Muy bien, ya estoy siguiendo mis pasos de ayer, cada vez estoy más cerca de conseguirlo. Junto a la flor me paré y la olí. Estuve un rato aquí, y… ¡Dios mío, debí enterrarlo por algún lugar cercano! ¿Dónde demonios está? ¿Por qué siempre me pasa esto? >>
La ardillita continuó caminando de un lado a otro, buscando, olfateando. De pronto, se encontró con una nuez caída de uno de los árboles y corrió hasta ella. La cogió entre los bracitos con un gesto de triunfo y se subió al árbol rápido como alma que lleva al diablo, pensando “ésta prometo que no la enterraré para no perderla"
-----------------------
Curiosidad:
Las ardillas pierden más de la mitad de las nueces que esconden, porque se les olvida dónde las escondieron. Pero con esto contribuyen a plantar más árboles.

