miércoles, 20 de octubre de 2010

Maldito bastardo

Esto viene del sueño de la siesta que me eché hace media horita XD Que bueno, el sueño no era así, sino una modificación a la hora de escribir.

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Maldito bastardo

Cuando le vi entrar por aquella puerta, pensé que mis ojos me iban a delatar. Un escalofrío recorrió toda mi espalda, de arriba abajo como si no contara con huesos que me fueran a sujetar. Habían pasado tantos y tantos años que podría estar perfectamente confundida, pero…. Estaba segura de que era él. Esas cosas no se olvidan nunca.
Rondaría casi los setenta años y el poco pelo canoso que le  quedaba estaba revuelto por el viento que nos azotaba desde hacía varios días. Tenía los ojos de un color gris que antaño se me hicieron fríos y calculadores y que ahora estaban teñidos de pena, nada de la lujuria con la que yo los conocí.
Anduvo hacia mí en aquella pequeña tiendita del barrio y me miró, esbozando una sonrisa.
-Buenos días, señorita. ¿Podría decirme si tienen tabaco? –me preguntó.
No me reconocía. Me dio vergüenza ajena este hecho.
Le señalé la estantería donde teníamos el tabaco expuesto y se puso a examinarlo. Mi cuerpo se había puesto rígido, tenso, alerta. Estaba preparada para defenderme en el caso de que sucediera lo mismo que había pasado cuarenta años antes. No en vano, ese hombre me había arruinado la vida y me había hecho pasar varios años yendo a un especialista.
Maldito bastardo…
El viejecito adorable volvió a donde yo estaba con una cajetilla. Miré la marca pero no me hubiera hecho falta, porque ya sabía qué tipo de tabaco le gustaba a aquel hombre.
Maldito bastardo…
Le cobré y el hombre, tras despedirse cordialmente de mí, salió y pude ver como saboreaba el cigarrillo que acababa de adquirir. Abrió su boca, su maldita boca, y exhaló el humo que él consideraba bendito.
Maldita boca…
Se marchó, no volví a saber de él nunca más aunque sabía perfectamente su nombre.

Maldito bastardo...

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